The Magic Realist

Arnau Alemany nace en Barcelona en 1948, al pie de una colina, en uno de esos barrios que han crecido de una forma anárquica, sin orden ni planificación, a medida que han ido llegando inmigrantes de las zonas desfavorecidas de España; y donde los edificios han ido creciendo y ganado terreno, montaña arriba, en una cordillera que aprisiona la ciudad. Durante aquellos años se construyeron edificios en lugares inusuales y de difícil acceso creando un conjunto urbano insólito, cercano a la disparate.

La enseñanza básica la aprende en la escuela de este barrio, destacando siempre por sus buenas notas en asignaturas como dibujo y manualidades, que le agradaban y con las que disfrutaba desde sus primeros años de infancia. Al cumplir 12 años, ingresa en régimen nocturno en la sucursal de Artes y Oficios del barrio, y al finalizar el curso le otorgan un premio consistente en una libreta de la Caja de Ahorros con 154 Ptas. Al año siguiente se matricula en el conservatorio de Artes Santuarias, donde asistirá durante cinco años, alternando estudios y trabajo. Su primer empleo es el de aprendiz en un estudio de dibujos animados y anuncios publicitarios, y en los años siguientes ejerce otros oficios como el de dibujante publicitario, fotógrafo, delineante industrial y ayudante de escultores. Su último empleo lo hace en una fábrica de juguetes, donde hace modelos, moldes y contramoldes y hasta el diseño de las cajas. Este trabajo por las tardes le permite pintar por las mañanas. En 1978 organiza su primera exposición en Barcelona y a partir de entonces, se dedica únicamente a pintar. Las obras de estos primeros años siguen unos planteamientos abstractos, que se convirtieron pronto en figurativos, evolucionando hacía un realismo detallista y cercano a lo mágico, que se ha convertido en característico de su estilo.

Arnau Alemany concibe su obra como un esfuerzo por interpelar al espectador, por no dejarle indiferente, sea para bien o para mal. Tal tarea la concibe como un esfuerzo de análisis casi científico, calculado, lejos de cualquier espontaneidad o de un subconsciente que se imponga avasallador. Con la seguridad de largos años de formación dibujística, gráfica, pictórica y escultórica, lucha por elaborar paisajes verosímiles a la vez que irreales; cityscapes inexistentes, pero dotados de una perfecta geometría y de una coherencia en sus elementos individuales, imposible de conseguir en el conjunto, conformando así lo que él llama un “paisaje imperfecto”.

En este trabajo de manipulación perceptiva, permite colarse un cierto aire de dejadez, una observación complaciente de la incompetencia urbanística y de la vegetación que pugna por recuperar sus fueros perdidos. El espacio inexistente que aparece al concluir cada obra es inevitablemente distinto de lo que había proyectado inicialmente, pues en su trabajo son componentes habituales la indeterminación y la apertura a la superación de las expectativas (obsesivas, no pocas veces) iniciales. De esta forma, el paisaje se convierte, para Alemany como para muchos artistas, en un viaje hacia el interior de sí mismo, y el cuadro un testimonio plástico y visual de dicho viaje.

Ha expuesto en Barcelona, Madrid, París, Lyon, San Francisco, Nueva York, Chicago y Valencia. Se ha presentado a muy pocos concursos, pero posee el segundo premio de la bienal de Montecarlo de 1991. No cree en el principio de regalar cuadros a los museos, por lo que sólo hay obra suya en el Museo Marugame Hirai de Arte Contemporáneo Español de Marugame (Japón), que le adquirió cuatro piezas.

Arnau Alemany viaja lo menos posible, pero si se ve obligado a ello, lo hace preferiblemente en tren y a ser posible en algún vagón de cola. El único viaje que le interesa es aquel que emprende cada vez que comienza un cuadro hacia un lugar inexistente y que al final se hará realidad.

Arnau Alemay considera y está convencido de ello, que en el oficio de pintor, siempre se es un aprendiz

Arnau Alemany was born in Barcelona in 1948, at the foot of a hill, in one of those neighborhoods that grow organically, without plan or order. Where immigrants arrived from neglected areas of Spain and where the buildings grew, gaining territory up the mountain, along a small range that surrounds the city. During those years, buildings were built in strange, hard-to-reach places, creating other-worldly urban landscapes, not belonging to either nature or man.

He learnt his basics at the local school, showing promise in drawing and crafts, which he enjoyed from his early years. Once 12 years old, he was signed up for the night class at the arts and trade delegation of the neighborhood. Upon completion, he was awarded with a prize which consisted of an account and checkbook from his local branch with 154 pesetas (hardly 1 euro). Next year, he enrolled in a religious art school, where he would study for 5 years. He would alternate his time between study and work. His first job was as an apprentice in a studio for cartoons and advertisements, and in the following years he practiced other professions such as photographer, industrial draftsman, and an assistant to sculptors. His last job was in a toy factory, where he made models, molds and even the packaging designs. This evening work allowed him to paint during the mornings. In 1978 he organized his first exhibition in Barcelona and since them, he has dedicated himself only to painting. The works from these first years were quite abstract, which quickly became figurative, evolving towards a detailed realism, with a hint of the magical, which has become a hallmark of his style.

Arnau Alemany conceives of his work as an effort to confuse the viewer, so as not to leave them indifferent, for better or worse. This work he conceives of as an analytical effort, nearly scientific, calculated, far from any spontaneity or from a subconscious that imposes itself absolutely. With the confidence gained from long years of training as a draftsman, graphic artist, and artistic skills in general, he fights to re-create landscapes that are at the same time real and unreal. Cityscapes that don’t exist, but given a perfect geometry and coherence.

This work of manipulation of perception, allows a certain air of lackadaisical finishing. An observation of the incompleteness of the urban landscape and the vegetation that fights to recover its lost foothold. The unreal space that is the subject of each finished work is inevitably different from that which he imagined initially. In this way, the landscape becomes for Arnau Alemany, as it does for many artists, an inner journey, and a canvas that serves as a concrete memento of that journey.

He has exhibited in Barcelona, Madrid, Paris, Lyon, San Francisco, New York, Chicago and many other places. He has not applied to many competitions, but he did win the second prize in the biennale of Montecarlo in 1991. He doesn’t believe that it is right to gift paintings to museums, and so there is only some of his work in the Marugame Hiriai Museum of Contemporary Spanish art in Marugame, Japan.

Arnau Alemany travels as little as possible, but if he is obliged to, he prefers to do so by train, and if possible, in the last car. The only travel he is interested in is that which he goes on every time he begins a painting, travelling to a place unknown, which will eventually become a reality.

Arnau Alemany considers and is convinced that in the profession of painting, he is always an apprentice.